El Barco

Si un país es un barco, tenemos que empezar por entender que no todos estamos en el mismo barco. Más bien detrás de ese barco vienen otros barcos grandes, y más detrás unos medianos (pero también grandes). Alrededor de estos barcos, se mueven pequeñas lanchas, canoas, e incluso personas nadando. Eso sería un país.
Está claro que otros barcos más grandes nos presionan para que todo este grupo se meta en sus aguas internacionales, y que nosotros por andar de pelea no hemos podido hacerlo; pero nos toca llegar allá, porque no hay de otra, porque es la realidad globalizada en la que vivimos. El problema es que tenemos que llegar todos, no sólo el gran barco principal, porque de qué le sirve a ese barco llegar sin sus secuaces. Es que si vamos para adelante, sin mirar para los lados, nos vamos a perder y vamos a llegar a aguas internacionales sin recursos suficientes para mostrar que somos capaces de seguirle el juego a esos barcos gigantes. Y lo que es peor, para defendernos de su poder abusivo.
Para los que estamos en barcos medianos no ha sido fácil, pero hemos tenido la capacidad de seguir el paso, y de seguir un paso acelerado que nos cuesta mucho trabajo. Yo, personalmente y no contento con ese paso, decidí sacar una lancha de exploración marítima para conocer mejor el ecosistema que nos rodea porque sin ese aprendizaje de qué le va a servir a mi barco andar para adelante sin entender lo que lo rodea. Eso hace que el paso sea más lento, pero esos procesos son necesarios para que el progreso sea más fuerte y contundente.
Eso mismo tiene que pasar con el gran barco. Es momento de bajarle al ritmo y de entender que en este proceso de pacificación en el que estamos, tenemos que eliminar décadas de violencia extrema y los discursos que la han rodeado.
Si seguimos insistiendo en ese paso acelerado, quizás muchas más personas seguirán ahogándose y no podrán remolcarse en las estelas de los grandes barcos; todo lo contrario.
Aprender a esquiar en esas olas no es nada fácil, y ahogarse en las caídas es muy sencillo. Tenemos que bajarle al ritmo y entender que las condiciones de los barcos no son las mismas para todos.
Lo gritos, pataletas y berrinches son un llamado a que entendamos que ese gran barco indolente nos va a terminar ahogando. Romper platos es un llamado para que entendamos que hay demasiados huecos en ese barco y si no los reparamos se va a hundir. Y con él, muchas personas cuyo propósito es el mismo de todos: seguir adelante. Pero con calma, paciencia, empatía, compasión y amor.
A ver si entendemos que el barco no es igual para todas las personas.


Acá unas fotos de gente surfeando en un río en München, sólo para darle color a este texto. Y una foto mía esquiando, ahí como para darle relación al texto con las imágenes y para que pensemos que remolcarse en las olas es cuestión de privilegios y que tenemos que darle oportunidad a todas las personas de tener la misma oportunidad de aprender a utilizar esas estelas de los barcos que conforman este país (algunas fotos son de Laura Torres).

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